miércoles, 1 de febrero de 2012

FUNCIONES Y COMPETENCIAS DEL EDUCADOR SOCIAL

Pienso que es necesario conocer las funciones que desempeñaré en un  futuro próximo cuando finalice mi formación académica como educadora y trabajadora social, al igual que las competencias necesarias  para desempeñar con efectividad dichas funciones, aunque soy consciente de que los contenidos adquiridos en los 5 años de mi titulación, no me capacitan completamente para ejercer como educadora social, ya que la experiencia, como se suele decir no tiene sustituto, y únicamente se puede adquirir mediante la praxis; de ahí la importancia de que el mundo universitario se acerque al mundo profesional, para que de este modo, los universitarios lleguemos  al mercado laboral más preparados para ejercer.

Asimismo, en nuestra modalidad profesional, la formación no finaliza al salir de la universidad, sino se extiende durante toda la vida, al deber estar continuamente informados de la actualidad social y educativa, contextos cambiantes en los que actuamos, evidenciándose el dinamismo del ámbito educativo en las numerosas reformas educativas que se han producido en nuestro sistema educativo en un reducido espacio de tiempo.

Al ser éste mi primer año en la doble titulación de Educación y Trabajo Social, me centraré en los contenidos teóricos de la materia, los cuales como bien nos dice Almudena, son necesarios para ofrecer una opinión correctamente fundamentada, que nos permita ser escuchados por las instituciones, las cuales son en la mayor parte de la ocasiones, las que subvencionan parte de los proyectos educativos con los que los educadores sociales intentan solucionar o prevenir situaciones conflictivas.

Concretamente, en esta ocasión, describiré las funciones y las competencias del educador  social, para lo que es necesario en primer lugar,  definir ambos conceptos.
Entendemos por funciones profesionales el campo de trabajo y de tareas que señalan un ámbito de responsabilidad profesional, y con el concepto competencias nos referimos a los trabajos y tareas concretas que el profesional es capaz de realizar con cierto nivel de garantía, por lo que  este último concepto se puede sintetizar en saber, saber hacer y saber transferir, es decir, ser capaz de aplicar los contenidos adquiridos a la praxis en cualquier contexto.
En consecuencia, ser competente se entiende como ser capaz de realizar de manera efectiva y ética tareas que derivan de las funciones asumidas por el educador social. 

La práctica educativa diaria del educador social se organiza en tres categorías, en las que el profesional analiza situaciones para detectar las necesidades del individuo o grupo de incidencia, diseña, planifica, desarrolla y evalúa proyectos socioeducativos para cubrir las necesidades detectadas en el análisis:
·        Actuaciones de contexto definidas como acciones y tareas que tiene como objeto crear espacios educativos, mejorarlos y dotarlos de recursos, las cuales se concretan en:
-      Participar en el análisis, diseño, planificación y evaluación de programas socioeducativos.
-       Colaborar en la orientación de políticas sociales y culturales de participación ciudadana.
-      Desarrollar acciones con las instituciones, asociaciones y toda entidad de   carácter público y privado, que permitan la creación de redes entre  servicios que atienden a personas, para poder llevar a cabo la acción socioeducativa.
Dentro de esta categoría funcional podemos situar las acciones educativas llevadas a cabo en las aulas donde se tipifican casos de bullying, en los que el educador debe obtener información a partir del conocido como grupo clase que en muchas ocasiones, por temor, oculta lo que conoce acerca del acoso, y una vez detectadas las necesidades, mediante un proyecto educativo puede mejorar la convivencia en el aula.



·        Actuaciones de mediación, entendidas como el trabajo que el educador social realiza  para producir un encuentro constructivo entre personas o grupos con diferentes contenidos culturales.
Esta función del educador social está adquiriendo gran importancia en nuestro contexto social actual, al convivir en un mismo espacio diferentes culturas, debido al ingente movimiento migratorio existente; pero en esta multicultural convivencia pueden originarse conflictos, en los que el educador actúa como mediador intercultural.



·        Actuaciones de formación y transmisión que incluyen los actos de enseñanza basados en la transmisión de conceptos habilidades técnicas o formas de interacción social.
Estas acciones educativas incluyen los procesos de enseñanza-aprendizaje orientados a la prevención, por ejemplo la prevención del consumo de alcohol, que se lleva a cabo en los centros educativos de secundaria. Mediante estos procesos de enseñanza-aprendizaje el educador conciencia a los menores sobre el consumo irresponsable de bebidas alcohólicas, informándoles de las consecuencias negativas que dicho consumo produce en sus organismos, empleando como recursos actividades de carácter lúdico con las que intenta reforzar los conocimientos transmitidos y atraer la atención de los educandos.


Para que el educador desempeñe sus funciones de forma efectiva debe adquirir unas determinadas competencias las cuales se pueden concretar en ser capaz de transmitir (ser un buen comunicador), ser capaz de situarse en el  lugar del educando (ser empático) ser capaz de corregir la conducta de un individuo sin dañar sus sentimientos (ser asertivo), ser capaz de trabajar en grupo, ya que el educador social debe actuar de forma coordinada con los otros profesionales que conforman el grupo interdisciplinario para que las diferentes acciones socioeducativas efectuadas sean coherentes,  constructivas y efectivas, es decir, que se consigan los objetivos establecidos, asimismo un educador social debe también ser capaz de asumir las responsabilidades que se deriven de sus actos profesionales.

El código deontológico del educador recoge los principios orientadores de la acción  socioeducativa con el fin de mejorar cualitativamente el ejercicio profesional de éste. A continuación citaremos dichos principios orientadores:

·        Principio de respeto a los Derechos Humanos, por el que el educador siempre actuará en el marco de los derechos fundamentales y en virtud de los derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

·        Principio de respeto a los sujetos de la acción socioeducativa; de acuerdo con este principio, el educador actuará en interés de las personas con las que trabaja y respetará su autonomía y libertad.

·        Principio de profesionalidad, fundamentándose la profesionalidad del educador social en  su capacidad de autocontrol y su capacidad de reflexión sobre su praxis profesional, avaladas por un título universitario.

·        Principio de la acción socioeducativa, principio por el que el educador social como profesional de la educación, tiene como función básica la creación de una relación educativa  que facilite al individuo ser protagonista de su propia vida, por ello en sus acciones educativas procurará siempre una aproximación directa hacia la personas con las que trabaja favoreciendo en ellas aquellos procesos educativos que les permitan un crecimiento personal positivo y una integración crítica en la  comunidad a la que pertenecen.

·        Principio de la autonomía profesional, por el que el educador social será consciente de la función social que desarrolla al dar una respuesta educativa a determinadas necesidades sociales, atendiendo siempre a unos principios morales, éticos y deontológicos, por lo que en consecuencia debe asumir las responsabilidades que deriven de sus actos profesionales.

·        Principio de coherencia institucional, que induce al educador social a conocer la demanda educativa, el proyecto educativo y el reglamento interno de la institución donde trabaja.

·        Principio de la información responsable y de la  confidencialidad, de acuerdo con el cual, el educador social guardará el secreto profesional en relación con las informaciones obtenidas, directa o indirectamente acerca de las personas con las que trabaja y en el caso de que por necesidad profesional deba trasladar información entre profesionales o instituciones, debe de hacerlo siempre en beneficio de la persona o grupo, en base a principios éticos y legales y con el consentimiento de los interesados.

·        Principio de solidaridad profesional, por el que el educador social mostrará una conducta activa, constructiva respetuosa y solidaria con el resto de profesionales que participan en la acción socioeducativa.

·        Principio de participación comunitaria, por el que se entiende que el educador social promoverá la participación de la comunidad en la tarea educativa, intentando conseguir que sea la propia comunidad  en la que interviene, la que genere los recursos y capacidades para mejorar la calidad de vida de los sujetos.

·        Principio de complementariedad de funciones y de coordinación, imprescindible en la acción profesional del educador social, al deber trabajar siempre en un grupo interdisciplinario formado por profesionales de diferentes especialidades, en el que el educador debe ser consciente de su posición dentro del grupo y en la medida que su acción puede influir en el resto de profesionales del propio equipo, así como trabajar coordinadamente con el fin de que el resultado de la  acción socioeducativa sea positivo.
   
Una vez definidas las funciones y las competencias del educador social y conocido el código deontológico que guía la acción socioeducativa, ¿cómo podemos definir la educación social?
Pues la podríamos definir como la ciencia socioeducativa teórica y práctica de carácter fundamentalmente no formal, que tiene como objeto cubrir una serie de necesidades mediante la prevención, la promoción, la intervención y la reinserción del individuo y/o grupo en su entorno social más cercano de la mejor forma posible, con  el fin de mejorar su calidad de vida para que pueda alcanzar el bienestar social.  

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